miércoles, 10 de agosto de 2011

La maravillosa historia del enano y el koala


Me desvío por primera y, probablemente, unica vez de mi temática y estilo habitual. Esta entrada está dedicada a una persona. Quien lea esto y no lo entienda...puede dar por sentado que no es la persona a la que me refiero. Pronto volveré a mi linea habitual.

En un bar llamado "U Blanka" se desarrolla una pintoresca escena. Dos personas se encuentran tras mucho tiempo. Uno entra por la puerta del bar, con unas gafas azules como el cielo aquel día y se dirige hacia la barra, sorprendiendo a su amiga.

- Hola!
- WTF!
- :)
- ¿Pero qué coño haces tú aquí?
- Menudo recibimiento...
- ...jijiji...
- :)

Tras saludarse se dan un abrazo. Al fin y al cabo ha pasado mucho tiempo y, aunque en realidad en sus cabezas siempre han pensado en llevarlo a cabo, por circunstancias ajenas a ellos no pudieron verse hasta entonces.

El bar se llena de gente que viene y va. La mayor parte de la gente conoce a su acompañante. Todos le saludan con palabras como "cariño" y "maja". Algunos incluso le dan una pequeña suma de dinero por unas artesanías que distribuye. Ella, como siempre, se muestra cordial, pero nerviosa por la presencia de su amigo, pues no esperaba su pronta visita.

La conversación versa sobre el pasado y lo que fue. Y las miradas nerviosas se cruzan en uno y otro bando como un soldado que espera en su trinchera el momento crucial de la batalla. El climax.

Su amigo se levanta y le hace gestos con la mano para que se acerque...y así lo hace ella...

Ambos amigos abandonan el bar, más pronto de lo habitual y se dirigen hacia una sorpresa aún menos esperada.

Su amigo la coge de la mano y la lleva a una mueblería donde le regala una estantería. Es de color negro, con un pequeño espacio para introducir pequeños objetos (de hecho a su amigo se le cae uno en su interior, lo que desata las risas de ambos). Su amigo comprueba que este en buenas condiciones, acariciando la madera. El sonido de sus dedos acariciando el frio material es casi musical. Ella lo mira. Le dice que es un tonto...¿Qué va a hacer ella con una estantería?

-Algún día, mirarás esta estantería y sentirás que todo lo que puedes saber sobre ella ya lo sabes...- le contestó él.

Ella sonríe. Lo entiende. Sabe lo que significa esa madera. Oscura...como lo fue el tiempo que perdieron separados.



El día pasa, como siempre, más rápido de lo que a ellos les gustaría. Caminan por entre los árboles del lugar y sus frutos y disfrutan del paisaje, el estío y la compañía.

Él se despista y la deja atrás, sin embargo, ella no le sigue. Está a su lado. Y él, al volverse, se golpea con un banco.

Ella se ríe...sin embargo, sabe que el karma se lo devolverá. Poco después sucede. Se golpea con un bordillo en el camino en sus pobres pies. Ambos se ríen. Saben que el karma no tiene nada de alien o extraterrestre. Es algo que ellos comparten.

El sol ya se pone en el horizonte y la negrura cubre a ambos tanto por fuera, como por dentro. Se encuentran sumidos en una marabunta de elefantes. No es tan majestuoso como la mayoría piensan...la mayoría bebe de los numerosos riachuelos, otros comen de los arboles (laureles, la mayoría) cuyas hojas son exquisiteces para todos estos animales.

El sol ya se ha puesto. Todo se oculta. No hay estrellas, ni luna...solo ellos...caminando juntos hasta el final...Un abrazo. Acaba como empieza. Sin embargo, esté es distinto. Huele a adiós...

Se separan...llueve. Ambos sienten la lluvia cayendo por sus mejillas...

Pero como siempre, cuando la noche recoge su manto el sol asoma débilmente y el día comienza de nuevo...

Ambos sonríen...el día está a punto de llegar…

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